Test de inteligencia y altas capacidades


Utilización de los test en España

A PROPÓSITO DE LA EVALUACIÓN DE LA INTELIGENCIA

Test de inteligencia y altas capacidades

Utilización de los test en España

En breve el Colegio Oficial de Psicólogos y Psicólogas (COP) publicará en la revista Papeles del Psicólogo el artículo “Utilización de los test en España; el punto de vista de los psicólogos”. El panorama es tremendamente desolador para quien lea la investigación, pues pone en entredicho la cualificación que percibimos quienes ejercemos la profesión, y todavía más en mi opinión si se trata de padres y madres de niñas y niños que presentan altas capacidades. Dos ítems en concreto advierten sobre esta cuestión. En el primero de ellos, “La formación recibida en la carrera de Psicología es suficiente para la utilización correcta de la mayoría de los test”, la media es de 2,46 en una escala de 1 a 5 por lo que es evidente que estamos de acuerdo en que disponemos de poca formación al respecto. Tampoco mejora mucho el siguiente ítem: “La formación recibida en cursos y Máster es suficiente para el uso correcto de la mayoría de los test” con una media de 3,05. Parece que tenemos la sensación de no saber cómo utilizar los instrumentos tras nuestros estudios y que, por tanto, intuyo, deberá ser la formación continuada y la práctica profesional la que nos ayude a aprender a manejarlos con rigor. El problema entiendo que se encuentra en quienes no han dispuesto de ninguna de las dos y aplican test, incluidos los de inteligencia, proporcionando conclusiones seguramente poco acertadas.

test de inteligencia y altas capacidades

El artículo muestra además actitudes favorables de los psicólogos y psicólogas colegiados hacia el uso de los test (siempre se nos ha atribuido este cometido), pero detectamos, como colectivo, problemas fundamentales en la necesidad de control y regulación del uso de los test por parte de las instituciones, y necesidad de prudencia en la aplicación y corrección de pruebas en línea con informes automatizados (personalmente considero que hacen perder la esencia del proceso de evaluación).

El artículo invita a ver necesidades de mejora en la formación e información sobre el uso de los test, su aplicación y, añado, la calidad de éstos. No obstante, tras su lectura me surgen algunas reflexiones sobre el uso y “abuso”, esto último en especial con los niños y niñas que presentan altas capacidades.

En relación al uso, el artículo utiliza una muestra de profesionales colegiados de la psicología, quizás sería adecuado profundizar en otras muestras como quienes han culminado estos estudios sin estar inscritos en el colegio o incluso otras profesiones relacionadas. En la práctica, los instrumentos para evaluar la inteligencia los aplican profesionales de la pedagogía, psicopedagogía e incluso maestros y maestras, en menor cantidad. Sin embargo, los “niveles A, B y C” atribuyen competencia para aplicar los test de inteligencia individuales a profesionales de la psicología, psiquiatría y, más recientemente en el tiempo, psicopedagogía (nivel C).Esto es un hecho en la práctica cuando Tea Ediciones o Pearson Clinical (actualizando su web) nos solicita bien el nº de colegiada o colegiado, bien el título que acredita disponer del “nivel C” para la compra de estos instrumentos. Sin embargo, en los centros educativos, gabinetes privados o públicos… muchas pedagogas y pedagogos utilizan los test de forma rigurosa.

Lo que es obvio es la falta de formación y habilidades de aplicación. Tristemente lo que la investigación del COP nos advierte es una realidad sobre el uso de los test de inteligencia (entre otros) que día a día sucede. Algunas dificultades son habituales y a su vez especialmente preocupantes:

  • La elección y selección de instrumentos. Aunque pasar un test parezca a priori que asegura una recogida rigurosa de información, a diario me pregunto ¿por qué se seleccionan ciertos instrumentos? Por ejemplo, aplicar un WISC-R descatalogado hace ya muchos años no garantiza una medida adecuada de la inteligencia, cuando tanto los ítems como baremos, no son aplicables a nuestra sociedad de hoy. Tampoco todos los instrumentos presentan la misma calidad. El COP dispone de una comisión de calidad que valora los test y a la que pocos profesionales acudimos, y ésta nos indica en qué medida los instrumentos nos sirven para nuestras pretensiones. Me sorprende enormemente la baja tasa de instrumentos que se presentan a dicha comisión para su valoración, en relación a la cantidad de instrumentos que anualmente salen al mercado. Que los instrumentos presenten evidencias de calidad, parece que sea un tema de poco interés para quienes ejercemos profesiones de evaluación. Cada instrumento parte de una definición de la inteligencia habitualmente distinta, estas definiciones no son siempre igualmente plausibles, pero además, los procedimientos que se han seguido para el diseño, construcción y obtención de evidencias de validez de los test tampoco son siempre las más adecuadas. La selección de test de inteligencia sin evidencias de calidad llevará a meras conjeturas, en ningún caso concluyentes.
  • Las condiciones de aplicación en demasiadas ocasiones no son las más apropiadas. Aplicar pruebas por la tarde o cuando el alumnado se encuentra en una situación emocional entre otros, puede sesgar sus resultados (ej., antes de un examen o cuando atraviesan situaciones emocionales críticas que suelen motivar la evaluación como un problema de acoso, separación de progenitores…). El rapport (especialmente en la primera infancia), la relación que se establezca con el niño o niña objeto de valoración, distracciones… tampoco gozan siempre de las mejores condiciones. Todo ello sesga los resultados, y puede llevar a concluir aquello que no es.
  • La corrección de los instrumentos también es una frecuente dificultad a la que los profesionales se enfrentan. La falta de formación en aplicación de instrumentos y estudio en profundidad del test parece no ser un tema que siempre interese. En las escalas Wechsler he visto informes en los que se indica “un CI de 135 que se encuentra en el intervalo entre 115 y 121” (cuando la lógica dice que 135 NO se encuentra entre esas puntuaciones), confundir un índice con percentil, sumar mal los subtest que configuran una escala, sumar más subtest de los debidos en el cálculo de un CI total… son errores habituales que llevan a juicios erróneos que, sin duda, llevarán a intervenciones inadecuadas.
  • La interpretación es otro de los principales problemas. No disponer de suficientes conocimientos para saber si una puntuación alta o baja indica mayor o menor capacidad, qué puntuaciones de la prueba son las que nos proporcionan esta información, qué criterios indican una situación excepcional o no…, también orienta las conclusiones hacia el error. Conocer cada test en profundidad es la mejor forma (aunque no siempre se realice) para interpretar lo que se debe. Los test de inteligencia miden dimensiones distintas (la inteligencia es una construcción social lo que implica distintas formas de entenderla), por lo que tampoco podemos esperar que se obtenga el mismo resultado en todos los test, pues miden aspectos diferentes, y, mucho menos (como sucede), concluir que no se presentan altas capacidades porque en un test (habiendo sido mal seleccionado, aplicado, corregido o interpretado) un índice no ha superado el criterio de quien evalúa.

En el uso de los test la falta de formación y habilidades en la aplicación de instrumentos se convierte en un desafío al que enfrentarse, pero también el “abuso”.

En las altas capacidades la inteligencia es una condición necesaria pero no suficiente, por lo que la confianza ciega en las puntuaciones del CI y aptitudes limita la visión integral de toda persona. De poco sirven evaluaciones que rompan con las buenas prácticas (uso), pero tampoco sirve el centrar la evaluación en el resultado numérico de los test de inteligencia. En ocasiones, la desmotivación hacia el aprendizaje o incluso conductas disruptivas, son el motivo de evaluación en los niños y niñas con altas capacidades. Cuando están sujetos a situaciones emocionales, personales, sociales… de este tipo, probablemente su rendimiento en los test de inteligencia será inferior a su verdadero potencial. Contemplar a los niños y niñas con altas capacidades únicamente desde la perspectiva de su inteligencia, llevará, probablemente, a conclusiones poco realistas y, en el peor de los casos, a pasar por alto su identificación.

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Centrar las evaluaciones y la identificación de las altas capacidades en el dato numérico de uno o más test de inteligencia, constituye un ejemplo de abuso de los instrumentos que ciega la visión de una persona pasando por alto el resto de características personales, también necesarias. Los test de inteligencia proporcionan información relevante (cuando se utilizan de forma adecuada) pero en ningún caso pueden ser el único criterio y, además, las decisiones las tomamos las personas, no las toman los instrumentos.

Ana Caturla – Psicóloga Especialista en Altas Capacidades

Programa Despierta Alicante

4 thoughts on “Test de inteligencia y altas capacidades

  1. Ana -

    Hola, me gustaría saber dónde se le puede pasar los test de forma correcta por especialistas en AACC en Granada.

    Un saludo

  2. Carmen -

    Buenas!!! No tengo ni idea de estas cosas .Tengo un hijo q va a 3 primaria y ultimamente me dice q s aburre, suele coger todo a la primera y ayer como le encantan las mates m dijo q qeria aprender algo nuevo y con un ejemplo de raiz cuadrada d 3 cifras se lo explique una vez y lo pillo y me dijo q le pusiera ejercicios y todos los hizo bien. Es muy empatico y tb emocionalmente muy potente, tb es muy prudente y tranquilo. Mi marido me dice q s me va la pinza pensando q tiene altas capacidades y a mi me da miedo tener razon.no se que hacer, si alguien me puede dar algun consejo lo agradeceria mucho

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